11/10/2009


Hay gente que sabe cantar, otras personas tienen el talento de saber dibujar, otras escribir o también hay quién se le da de maravilla cocinar, como si les fuera la vida, como si no supieran hacer nada más, lo viven y lo sienten. A Chloe en realidad no se le daba nada particularmente bien, ¿o era su alto grado de exigencia?, pero aquello que dicen chica, qué arte, estas hecha toda una artista, pues nada, un cero a la izquierda. Ella era de las que saben hacer un poco de todo y un poco de nada, y eso le daba vergüenza y rabia a la vez, porque nunca era la mejor  ni tan siquiera la peor, y se convirtió la mayor parte del tiempo como si fuera un fantasma. suerte que se convirtió en fantasma y no en una rana, porque le gustaban más las películas de terror que las de princesas que besaban a ranas las cuales se convertían en príncipes, qué ridículo; no por besar a una bonita rana sino en lo de los príncipes.


De pequeña había una niña de clase que sí sabía lo que sería de mayor: bióloga. Un día lo confesó mientras saltaban a cuerda, y Chloe pensó pero como coño va a saber nada si yo no sé ni lo que haré esta tarde al salir del colegio, evidentemente no dijo coño porque estaba prohibido y podía ir al infierno, o mucho peor, quedarse sin patio. Luego pensó que a lo mejor su abuelo la vendría a buscar a las cinco al terminar las clases con su helado de frambuesa favorito,  porque ya empezaba a hacer calor, pero de ahí a pronosticar que de mayor sería bióloga, taxista o un rinoceronte con gafas... era algo que la dejaba perpleja y alucinada a la vez que admiraba con timidez la seguridad con la que Sophia, la supuesta futura bióloga, levantaba la mano mirando a los demás niños de clase, mientras esperaba impasible su turno y con voz de silbato decir yo seré bióloga, para salvar ballenas y cangrejos marinos. La señorita sonrió orgullosa como si la niña ya hubiera salvado miles de ballenas y algun cangrejo. Chloe luego pensó en matar a todas las hormigas que pudiera durante la hora del recreo, a ver si la bióloga empezaba a biologar un poco y dejaba de ser injustamente elogiada y premiada por hacer el supuesto bien para el mundo, cuando en realidad lo único que quería no era salvar ballenas sino ser la mimada de los adultos para que así sus padres le compraran un acuario y invitar a sus amigas para que vieran, muertas de envidia, cuantos peces tenía. Además, pensó Chloe, como si se pudieran salvar los cangrejos, ellos nunca necesitan que los salven, se saben proteger muy bien. Cuando ya era más grande y cumplió 15 años, Chloe se pasaba tardes enteras tumbada en la cama escuchando canciones de The Beatles que salían del tocadiscos de su padre, se miraba los pies con el techo blanco de fondo  y pensaba qué podría ser de mayor. Había tantas cosas que podría hacer... ¿para qué elegir sólo una? Pensó que durante un tiempo podría ser vendedora de helados, así podría comerse todos los que quisiera y cuando quisiera, podría ser arquitecta como su abuelo, astronauta y descubrir planetas, también pensó en ser un rinoceronte pero lo vió complicado porque no sabía nadar, así que lo dejó para ser bailarina, y si lo de bailar no funcionaba sería jardinera y a los ratos libres dibujaría pájaros y flores.

Cuando cumplió los 30, pensó que no era nada de lo que pensó que sería, en realidad era lo que nunca pensó ser: bióloga. No sabía si era buena o mala  bióloga, buena o mala persona, ella únicamente era. Y es que hay gente que canta sin saber cantar, quien escribe sin saber escribir y quien dibuja sin saber dibujar, y lo hacen de maravilla!

10/18/2009


adoro estar a solas conmigo misma.

hay quién es incapaz, se aburre...
¡¿se aburre?!